La técnica de la laparoscopia (II)

La semana pasada os hablé de las laparoscopias, profundizando en las que se realizan en el ámbito de la ginecología. Sin embargo, hoy quiero hacerlo un poco más debido a la petición que me hizo uno de mis lectores.

Como os dije anteriormente, la laparoscopia es una técnica con la que se pueden hacer intervenciones en el abdomen pero sin llegar a abrirlo. No obstante, cuando se realizan en ginecología, estás pueden ser de dos tipos:

  • Abiertas o cirugías convencionales o clásicas.
  • Cerradas o endoscopias.

Estas últimas serían las que nos interesan en este caso. En ginecología se realizan dos tipos de endoscopias: las histeroscopias (que es mirar dentro del útero) y las laparoscopias. Éstas presentan una serie de ventajas, como que el alta del paciente se puede dar mucho antes puesto que se puede regresar a casa antes de las 24 horas tras la intervención, o que las molestias que supone la cirugía son mínimas.

Cuando se realizan las laparoscopias se utiliza anestesia general ya que no puede usarse la epidural. Esto se debe a que, para llevar a cabo el proceso, hay que “inflar” con gas el abdomen para que así se cree un espacio que permita ver la cavidad abdominal por dentro y, al mismo tiempo, se pueda operar.

Habitualmente se hacen cuatro agujeros de entre 5 y 10 mm que, tras la cirugía, no afectará en exceso a la estética y, tal y como os decía antes, la recuperación es rápida y con poco dolor postoperatorio.