Patologías mamarias (II)

Tal y como os comenté la semana pasada, hoy vamos a continuar hablando de patologías mamarias para que sepáis más sobre las distintas que existen.

Otro de los casos que puede producirse es la necrosis grasa. Esto es una lesión inflamatoria aguda producida por una necrosis en el tejido adiposo de la mama. Normalmente suele darse en pacientes que tienen obesidad y, ya sea por un traumatismo o espontáneamente aparecen focos necróticos del tejido adiposo concluyentes. Esto puede dar lugar a que se forme un nódulo firme que se adhiera a planos vecinos e incluso a la propia piel. Sin embargo, es un proceso poco frecuente.

Por otra parte, también podrían darse tumores benignos que, en su mayoría, se relacionan con factores genéticos. Los síntomas que presentan son de dolor e inflamación, pero no afecta al organismo ni tampoco resultan peligrosos. No obstante, podría ocurrir que se creasen masas palpables o incluso anomalías mamográficas que dieran lugar a alteraciones del estroma, de la arquitectura o del epitelio glandular.

Pasamos ahora a hablar de la enfermedad fibroquística o mastopatía fibroquística, algo que, aunque no lo parezca, es tan común que ya se la considera una variante fisiológica normal. Por lo general suelen tenerla las mujeres que están entre los 25 y los 45 años y pueden aparecer uno o varios nódulos de tamaño variable que, en ocasiones, pueden estar en ambas mamas. Es importante destacar que durante el periodo menstrual cabe la posibilidad de que sean doloroso.

En estos casos se produce un aumento del componente conjuntivo y múltiples quistes de contenido seroso amarillento que tienen entre 4 y 5 cm de diámetro y es posible encontrar calcificaciones en esas lesiones. Lo bueno que tiene esto es que el dolor que provocan puede hacerse desaparecer mediante una punción, y que si hay uno o más quistes no significará que vayan a aparecer tumores malignos.

La técnica de la laparoscopia (II)

La semana pasada os hablé de las laparoscopias, profundizando en las que se realizan en el ámbito de la ginecología. Sin embargo, hoy quiero hacerlo un poco más debido a la petición que me hizo uno de mis lectores.

Como os dije anteriormente, la laparoscopia es una técnica con la que se pueden hacer intervenciones en el abdomen pero sin llegar a abrirlo. No obstante, cuando se realizan en ginecología, estás pueden ser de dos tipos:

  • Abiertas o cirugías convencionales o clásicas.
  • Cerradas o endoscopias.

Estas últimas serían las que nos interesan en este caso. En ginecología se realizan dos tipos de endoscopias: las histeroscopias (que es mirar dentro del útero) y las laparoscopias. Éstas presentan una serie de ventajas, como que el alta del paciente se puede dar mucho antes puesto que se puede regresar a casa antes de las 24 horas tras la intervención, o que las molestias que supone la cirugía son mínimas.

Cuando se realizan las laparoscopias se utiliza anestesia general ya que no puede usarse la epidural. Esto se debe a que, para llevar a cabo el proceso, hay que “inflar” con gas el abdomen para que así se cree un espacio que permita ver la cavidad abdominal por dentro y, al mismo tiempo, se pueda operar.

Habitualmente se hacen cuatro agujeros de entre 5 y 10 mm que, tras la cirugía, no afectará en exceso a la estética y, tal y como os decía antes, la recuperación es rápida y con poco dolor postoperatorio.